Mostrando entradas con la etiqueta Ciudadanos en blanco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ciudadanos en blanco. Mostrar todas las entradas

viernes, agosto 12, 2011

¡EL MOVIMIENTO CIUDADANOS EN BLANCO CAMBIA DE NOMBRE Y PARTIDO!

El movimiento cívico “Ciudadanos en Blanco”, ahora denominado “Movimiento Ciudadano por el voto en Blanco Computable”, se presentará en las próximas elecciones generales del 20N por el partido “Escaños en Blanco”.

Tras varios años de duro trabajo, desde que en 2004 se presentaran las primeras candidaturas a las elecciones generales, ha llegado el momento de evolucionar, de dar un gran paso adelante necesario para continuar vaciando escaños y proseguir el camino hacia el voto en blanco computable.

El movimiento "Ciudadanos en Blanco" pasa ahora a denominarse “Movimiento Ciudadano por el Voto en Blanco Computable” y, aceptando el ofrecimiento de nuestros compañeros de coalición, se presentará las próximas elecciones generales formando parte de las listas del partido instrumental "Escaños en Blanco/Escons en Blanc (Eb)".

Con las mismas ganas y mejor coordinación esperamos seguir creciendo y, con vuestra ayuda, seguir luchando para lograr que los votos en blanco se vean reflejados como escaños vacíos.





¡Los ciudadanos en blanco cambiamos de partido-herramienta!

Tras los esperanzadores resultados de las últimas elecciones municipales y autonómicas, donde se hizo historia expulsando a tres políticos de sus sillas, el colectivo “Ciudadanos en Blanco” hemos tenido que afrontar una difícil situación que ha terminado por conducirnos a la sustitución del partido-herramienta que hemos venido usando hasta ahora para presentarlo a las elecciones, “Ciudadanos en blanco” (CenB) .

En las próximas elecciones generales el partido que se va a utilizar para defender la computabilidad del voto en blanco y vaciar escaños va a ser “Escaños en blanco” (Eb), extendiendo al resto de España el partido que ya existía en Cataluña y con el que CenB ha formado coalición, con tan buenos resultados los dos últimos procesos electorales.

El motivo de este cambio de partido es simple: CenB ya no es un partido-herramienta válido por falta de democracia interna.

Hasta hoy, “Ciudadanos en blanco” ha sido un movimiento cívico que utilizaba un partido-herramienta del mismo nombre para conseguir un objetivo: poner a disposición de la ciudadanía un voto en blanco útil, un voto que computara en forma de sillas vacías, que representara a todos aquellos que no estamos representados por los actuales partidos/políticos.
Ese partido era un partido cerrado, que no admitía afiliación, y que estaba en poder de su fundador/presidente y de las personas que junto a él crearon el partido.
Esta situación nos permitía presentarnos en todos los procesos electorales sin estar afiliados al mismo, algo muy del agrado de la mayoría de los miembros de este colectivo, que padecemos una cierta fobia a cualquier cosa que huela a partido político al uso.
Sin embargo, mantener la herramienta en manos de una única persona suponía también un riesgo, riesgo que se concretó las pasadas elecciones, precisamente cuando los primeros resultados de todos nuestros esfuerzos empezaban a llegar: esa persona utilizó su posición dentro del partido, para imponer sus decisiones personales al movimiento, la primera de ellas, la presentación de la candidatura del municipio de Santa María de Palautorderá, no respaldada ni por el movimiento cívico ni por nuestros compañeros de Escons en blanc.

Hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos por dotar de democracia interna a CenB, sin resultado, lo cual nos ha llevado a cambiar esa herramienta por otra, “Escaños en blanco”, un partido abierto a la afiliación, pudiendo ser por tanto controlado de forma democrática, por todos los que estamos trabajando para sacar adelante este proyecto. Es decir, el uso de “Escaños en blanco” nos ofrece una mayor garantía de que la herramienta va a ser bien utilizada, una garantía asociada a un funcionamiento democrático no existente en CenB.

Por lo demás, permanecen inalterados nuestros objetivos y procedimiento, a saber, lograr la computabilidad del voto en blanco y dejar vacíos los escaños que pudiéramos conseguir.

Así pues, aprovechamos este comunicado para hacer un llamamiento a la colaboración de todos los que queráis aportar algo de vuestro tiempo al proyecto, especialmente para poder llegar a las provincias a las cuales todavía no hemos conseguido llevar el voto en blanco computable.
Vuestra ayuda se hace fundamental en estos momentos, ya que, debido a la última reforma de la Ley Electoral, para las próximas elecciones generales será necesario recoger firmas que avalen la candidatura, concretamente el 0,1% del censo en cada circunscripción; lo que en la práctica supone una nueva y enorme barrera para los partidos “no oficiales”, que no cuentan con el apoyo mediático ni ayuda económica alguna, ni pública ni de los grandes capitales.

¡Ayúdanos a conseguir más escaños vacíos!



Fdo: Movimiento Ciudadano por el Voto en Blanco Computable (antes "Ciudadanos en Blanco").

lunes, febrero 07, 2011

Castro Urdiales, el municipio más blanco

No, no lo digo porque los castreños sean todos hinchas del Real Madrid.
Desconozco si lo son. Lo digo porque en Castro Urdiales, municipio cántabro, se alcanzó, las pasadas elecciones municipales, la histórica cifra del 4,24% de votos en blanco (*).
Cifra esta sorprendentemente elevada además por otro motivo, el hecho de que los vecinos de Castro Urdiales tenían nada menos que siete candidaturas para elegir, dos recién creadas. Pero, a pesar de ello, 585 castreños, casi uno de cada veinte votantes, se decantaron por el voto en blanco.

Algo inusual, ciertamente. Pero no por ello lo traigo aquí a colación.

Porque Castro Urdiales dio la nota en otro sentido. Resulta que, más allá de su número, ese 4,24% de voto en blanco marcó un hito en nuestra reciente historia electoral: alteró el reparto de concejales del municipio.
Esto es, si esos 585 castreños hubieran optado por abstenerse en lugar de por votar en blanco, el PSOE hubiera tenido un concejal menos, el cual hubiera correspondido a la candidatura “Grupo de trabajo de Castro Urdiales” (**).

Es el único caso que conozco en el que ha ocurrido este hecho, en los más de 30 años de la reciente historia electoral española.

La leyenda negra del voto en blanco

Existe una leyenda negra alrededor del voto en blanco: que se suma al partido que más votos saca. O, en una versión menos precisa, que favorece a los partidos mayoritarios.
Lo ocurrido en Castro Urdiales viene a corroborar esa leyenda, o más bien, a explicar de dónde puede haber salido. Porque esta leyenda, como todas, sin ser real, tiene un fondo de verdad, un hecho excepcional que amplificado, o distorsionado, da pie a la leyenda. Castro Urdiales ha resultado ser, a posteriori, el sitio dónde ha tenido lugar ese hecho excepcional.

Y este hecho excepcional es también una aberración. Porque es aberrante que se haya privado a los 670 castreños que votaron al “Grupo de trabajo” de su representante legítimo a causa de los votos en blanco, votos ajenos tanto a esa candidatura como a la socialista, que es la que finalmente se llevó el concejal hurtado. Los votantes en blanco no votaron al PSOE, así qué, ¿por qué sus votos le dieron a este partido un concejal más?

Este hecho es, en democracia, incomprensible.

Como también lo es que a los votantes en blanco se les tenga en cuenta para “hacer la criba”, pero luego se les ignore a la hora de asignar los representantes. ¿Acaso no son también ciudadanos los votantes en blanco? ¿No tienen derecho ellos también a estar representados, en este caso, dejando las sillas vacías?
Al parecer, en España, no lo tienen.

Lo dicho. En una democracia, incomprensible. Pero en España, sea cual sea el régimen político que tenemos, lo incomprensible, es Ley.

Una alternativa mejor

En 2007, una plataforma ciudadana, creada a tal efecto, pidió el voto en blanco en Castro Urdiales. Con bastante éxito, sin duda.
Sin embargo, tal vez habrían tenido una alternativa mejor. Porque en 2007 se presentaba en otros municipios españoles una candidatura llamada “Ciudadanos en blanco”, que actuaba cual si de un voto en blanco se tratase. Sólo que, a diferencia del voto en blanco ordinario, en este caso, con los votos suficientes, esta candidatura desocupaba una silla de concejal, dando de facto la representación, en forma de sillas vacías, a los votantes en blanco.

Quién sabe. Si hubieran presentado esta candidatura en Castro Urdiales, con unos pocos “votos en blanco” más, habrían marcado otro hito. El de dar representación, por primera vez de la historia de España, al voto en blanco.
Tal vez en 2011.




El reparto



Podemos comprobar cómo, de repartirse los escaños por el método D´Hont sin excluir a los partidos con menos del 5% de representación y al voto en blanco, tanto PSOE como "Acuerdo por Castro" tendrían un concejal menos, que pasaría, uno a "Grupo de trabajo" y otro al voto en blanco.

Lo cual hubiera dejado el actual gobierno municipal castreño, en situación de 11 (PP + Acuerdo + alcalde tránsfuga de PRC) contra 10 (PSOE + IU + PRC menos el alcalde) en 10 concejales contra 9, a falta de saber el alineamiento del concejal hurtado al Grupo de trabajo. Interesante situación si este estuviera en la oposición...




(*) Cifra elevada comparada con el 2% de votos en blanco en Cantabria o el 1,94% nacional en esas municipales de 2007.
Y no es que ese 4,24% sea record nacional. En Euskadi se han alcanzado cotas más altas (Elduain, 96% en 2007). Aunque las circunstancias allí son las que son.
Pero fuera de Euskadi, y más en municipios del tamaño del de Castro Urdiales (más de treinta y dos mil habitantes) ese 4,24% de votos en blanco sí es una cifra histórica.

Por cierto, soy consciente de que la noticia es de 2007. Es ahora cuando me ha llegado la información, y por casualidad. Y es que no se habla mucho del voto en blanco en los medios...

(**) La causa: el límite del 5% de votos válidos exigido en las municipales para obtener representación. El Grupo de trabajo se quedó con el 4,85% de los votos válidos, entre los que se incluye el voto en blanco. Sin contar estos votos, tenía el 5,1%. Y le hubiera correspondido un concejal.

martes, noviembre 23, 2010

Pero… ¿podemos conseguirlo vaciando escaños?


Cuando explicas a la gente lo que pretendemos con Ciudadanos en blanco, les cuentas lo del voto en blanco computable en forma de escaños vacíos, les dices que esos escaños vacíos se pueden conseguir a través de un partido político herramienta cuyos electos no ocupen sus asientos, al final, cuando lo asimilan, casi siempre acaba surgiendo la pregunta del millón:

¿Y qué se puede conseguir vaciando escaños?

Lo cierto es que, en principio, parece que, incluso siendo optimistas y contando con liberar algunos escaños de los parásitos que los ocupan, ello serviría de más bien poco, ya que sin diputados no se puede ni proponer ni votar esos cambios que tanta falta nos hacen.
Así que, en esta línea, la eficacia del voto en blanco computable acabaría siendo similar a la del voto en blanco “oficial”, a la de la abstención o a la del voto nulo, opciones que basan su éxito en una masiva desasistencia del electorado al sistema actual; con la salvedad, eso sí, de que siempre es más gratificante saber que, al menos, tu escaño está libre del parásito correspondiente, cosa que no puede pasar en ninguno de los otros tres casos.
Pero eso se revela, en principio, insuficiente.

Es por ello por lo que muchos descontentos se decantan por un partido nuevo o minoritario como medio para cambiar las cosas. Sin embargo, ya hemos visto lo que hace el Sistema con estos partidos: se los come con patatas. Nuestro Sistema electoral está diseñado para mantener un muy escogido –y reducido- grupo de partidos en el poder; partidos que, todos ellos, deben contar con el apoyo del poder económico para seguir ahí; partidos que, por ello, jamás van a reformar un sistema que es el idóneo para mantener su casta parásita de políticos profesionales y el poder en manos de los de siempre.
En definitiva, que así, con una miríada dispersa y enfrentada de pequeños partidos con ánimo de reforma, no se puede conseguir nada.

La conclusión a la que muchos descontentos han terminado por llegar es que sólo hay una posibilidad de vencer al Sistema: un único partido “revolucionario” que unifique y concentre todo el voto descontento –“la unión hace la fuerza”-. Para ello, tendría que tener un programa esquelético, reducidísimo, abierto a todos y enfocado en conseguir las reformas mínimas imprescindibles que harían falta para poder empezar a considerar nuestro sistema político como una democracia real.

Pero hay un pequeño inconveniente: que esta única alternativa final, realmente, no existe. Porque… ya sabemos cómo somos los españoles; en palabras de Lamparilla, “el barberillo de Lavapiés”:

Pues aquí tenéis de España
una copia y un modelo
4 hombres, 4 opiniones
si habláramos con 200, 200 partidos
todos con sus ministros diversos.
Sería pues necesario
para estar todos contentos
que hubiera en cada familia
un ministro por lo menos.


O lo que es lo mismo, es imposible que una mayoría suficiente de descontentos nos pongamos de acuerdo en sacar adelante un único partido “revolucionario”, ni en seleccionar unos pocos puntos esenciales que constituirían su programa, ni finalmente, en votarlo.
Porque unos quieren liberalismo, otros socialismo; unos centralización, otros descentralización; unos mónadas republicanas, otros democracia directa, otros simplemente un cambio de políticos; unos listas abiertas, otros circunscripción única, otros representación proporcional; unos laicidad, otros confesionalidad; unos familia tradicional, otros familia “libre”; unos una nación española, otros una nación catalana, vasca, gallega… y así seguimos, y seguimos, y seguimos…
¿Realmente alguien cree posible unificar todo eso en un único partido?

Así que, finalmente, tenemos que volver al principio: a lo de vaciar escaños. Si queremos tener una mínima posibilidad de cambiar las cosas, tenemos que ponernos a vaciar escaños… porque, por insuficiente, por inútil que pueda parecer, desgraciadamente… no hay ninguna otra alternativa.

Y además, tal vez sí que haya esperanza, tal vez, lo de vaciar escaños, pueda funcionar.
Porque, ante la imposibilidad de llevar a la práctica todas esas ideas y convicciones “imprescindibles” de los descontentos, sí se puede, en cambio, dar la posibilidad a estos de expresar una única idea, la más básica, la esencial, la fundamental: con el voto en blanco computable, vaciando escaños, se puede generar un clamor ciudadano, pidiendo, o más bien exigiendo… DEMOCRACIA. Simplemente eso, democracia. El programa mínimo posible.
Y ese clamor, potencialmente, puede ser tan poderoso como sea necesario para que la casta política no pueda ignorarlo, so pena de acabar con un parlamento semivacío e ingobernable, un sistema político roto y deslegitimado y, lo que es más importante, con una ciudadanía, mayoritariamente, en rebeldía.
Y ante esa amenaza, las cosas, finalmente, cambiarían.

jueves, mayo 15, 2008

Bravo por los jóvenes diputados

Tras la mala noticia de la ratificación del Tratado de Lisboa, nos ha llegado un pequeño atisbo de esperanza para los que creemos en la democracia.

El pasado 9 de mayo, cuarenta y siete alumnos de primero de bachillerato acudieron al Parlamento autonómico de Castilla-La Mancha para ejercer por un día como diputados, como parte de la experiencia “Cortes jóvenes” que nuestro gobierno regional organizó con motivo del vigésimo quinto aniversario de las primeras elecciones regionales.
Los jóvenes diputados elaboraron una serie de propuestas cargadas de sentido común, entre las que figuraba, en relación al sistema electoral, el “estudio de fórmulas imaginativas de reforma electoral que contemplen la participación de partidos minoritarios, voto en blanco computable y acercamiento de los políticos a la ciudadanía”.

Es gratificante comprobar que al menos algunos de nuestros jóvenes comprenden realmente lo que es la democracia. En una democracia representativa como la nuestra, estar representado en las diferentes cámaras es un derecho de los ciudadanos. También de los que votan en blanco o los que votan a partidos minoritarios. Este hecho fundamental, que nuestros políticos adultos no han sabido o no han querido ver, lo han captado a la perfección estos jóvenes alumnos de bachillerato.

Por ello quiero dar la enhorabuena a estos chavales, por haber sabido entender la democracia, y por haber trasladado a nuestros gobernantes esas propuestas que son tan necesarias para poder considerar nuestro sistema de gobierno realmente democrático.
También quiero agradecerles su gesto porque han ayudado a dar sentido al trabajo de Ciudadanos en blanco, de alguna forma nos confirma que vamos por buen camino y nos refuerza la esperanza de que, tal vez, algún día, consigamos ese voto en blanco computable que tanta falta nos hace.
Y, finalmente, les quiero pedir algo a estos jóvenes: que, cuando lleguen a la mayoría de edad y tengan la posibilidad de participar en mayor grado en el gobierno de nuestra nación, de nuestra comunidad y de nuestros municipios, sigan peleando por esa democracia que nos gustaría disfrutar pero que todavía no tenemos. Si quieren cambiar las cosas tendrán que hacerlo, porque mucho me temo que los políticos van a hacer caso omiso de sus propuestas.

Un merecido aplauso para estos jóvenes diputados.

martes, marzo 04, 2008

Razones para no votar en blanco

Hace unos días aparecía, en el diario “El mundo”, la pregunta de una internauta que, anunciando su intención de votar en blanco, solicitaba a los partidos una razón para no hacerlo. Las breves respuestas que le dieron resultaban sorprendentemente reveladoras.

El PSOE y el PP coincidieron en indicarle que el voto en blanco lleva a que “otros decidan por ti”. Lo cual es totalmente cierto, bien lo saben los responsables de esos dos partidos, porque son los que se han encargado de sustraerle todo su valor al voto en blanco, por medio de una Ley electoral que les beneficia enormemente.

En teoría, la abstención es la forma de actuar que debe llevar a que “otros decidan por ti”. El que se abstiene deja hacer a los demás, o, tirando de refranero, “el que calla, otorga”. Por el contrario, los que votan en blanco, lo hacen precisamente porque no quieren que otros decidan por ellos. Quieren tener a quién votar, quieren estar representados por algún partido, quieren participar en la democracia... Pues bien, a pesar de ello, los partidos mayoritarios ignoran sus votos, se apropian de sus escaños, y deciden por ellos.
Esta otra respuesta, por parte del PP y del PSOE, hubiera sido más sincera: “no debes votar en blanco porque si lo haces nosotros ignoraremos tu voto, nos apropiaremos de tu escaño y decidiremos por ti”.

De Izquierda Unida venía una respuesta contundente: “los votos en blanco se apartan del escrutinio y no ocupan escaños vacíos”. Le faltó en cambio a IU añadir una coletilla: “al contrario de como debería ser”. Los votos en blanco no deberían ser apartados del escrutinio, y deberían tener representación en forma de escaños vacíos. Pero no la tienen, y tampoco IU tiene intención de que eso cambie: un voto en blanco útil y representativo demostraría ser una opción más eficaz contra el bipartidismo que su ya desgastada alternativa.
La cuarta y última respuesta venía de UPyD, que decía que ellos han surgido para “hacer algo ante el hartazgo que generaban los partidos”. Sin comentarios.

A los políticos profesionales, los que viven de la política, no les gusta en absoluto el voto en blanco. Lo temen enormemente, porque es la única opción que tienen los ciudadanos para reaccionar contra ellos, poniendo así en peligro su modo de vida y sus jugosos salarios vitalicios pagados con nuestros impuestos. El voto en blanco es, para los políticos, el enemigo público número uno. Es “la bicha” que no hay que mentar.
El voto en blanco tenía que existir: es una opción de voto imprescindible en una democracia representativa de partidos. Sin embargo, no es bueno que número de votos en blanco sea elevado: muchos votos en blanco equivalen a muchas personas a las que la democracia no alcanza, y, dado que la democracia debe ser para todos, ello mostraría claramente, ni más ni menos, que no habría democracia. Así que los ciudadanos no deben votar en blanco, sería poco conveniente que empezase a cuestionarse la “democraticidad” del régimen. Y por ello los políticos nos ofrecieron un voto en blanco, pero inútil, sin valor.
“Haremos que el voto en blanco no sirva para nada y así la gente no lo utilizará”, debieron pensar. Y está funcionando, porque, aunque el voto en blanco crece, aún no ha llegado a niveles excesivamente alarmantes. A pesar de lo condenadamente mal que lo hacen. A pesar de que cada vez menos gente confía en ellos.

En cualquier caso, si nuestra internauta no tiene a quién votar, debería hacerlo en blanco, ¿no? Por inútil que sea, ¿acaso tiene una opción mejor?
Y sin embargo me voy a atrever a darle una razón para no votar en blanco. En estas elecciones, puede depositar en la urna un voto en blanco, sí, pero útil. Votando al “no-partido” del voto en blanco computable, Ciudadanos en blanco. Un voto en blanco al que los partidos no le pueden sustraer los escaños: estos, de obtenerse, se quedarían vacíos.
Esa es mi razón para no votar en blanco.

domingo, enero 20, 2008

Del voto en blanco a Ciudadanos en blanco

También me faltaba en este blog hablar detalladamente del voto en blanco, de para qué sirve, de por qué no funciona hoy; de por qué es necesario el voto en blanco computable y de por qué es necesario el no-partido Ciudadanos en blanco. A ello voy.

Básicamente, el voto en blanco es lo único que nos queda a los españoles cuando queremos votar pero no tenemos a quién hacerlo. Al votar en blanco, informamos a los gobernantes y al resto de los ciudadanos de que no estamos representados por ninguno de los partidos políticos que se nos ofrecen, de que no estamos representados por nadie ni en el Congreso ni en el Senado [ni en los ayuntamientos...]. No participamos en el gobierno de la nación [del municipio] y por ello estamos excluidos de la democracia.

En una democracia representativa (lo que se supone que es la española), la presencia de votos en blanco significa que algo está fallando. Democracia es gobierno del pueblo, pero si hay ciudadanos excluidos no es todo el pueblo el que gobierna, sino sólo una parte. Y eso ya no es democracia.
Naturalmente es imposible que todo el mundo esté de acuerdo con el sistema utilizado, y siempre van a existir casos marginales de exclusión. Sin embargo, si no se pone límite al número de excluidos, al final lo que se puede obtener es un sistema político donde unos pocos gobiernan y el resto son gobernados. Y eso, definitivamente, no es una democracia.

El voto en blanco es el indicador [oficioso] del nivel de excluidos de la democracia y, por tanto, su importancia es máxima. Es fundamental para conocer la salud de un sistema de gobierno democrático. El voto en blanco es para una democracia representativa lo que un termómetro para el cuerpo humano.
Si el termómetro marca 36,5º es que todo va bien. Si marca 38º es que no estamos sanos y que debemos hacer algo para recuperarnos. Y si marca 40º o bajamos inmediatamente la temperatura o la palmamos.
El voto en blanco es igual. Unos miles de votos en blanco tal vez sean inevitables, y en ese caso la cosa no iría mal. Pero unos cientos de miles de votos en blanco ya es mala señal, la democracia no está sana y hay que hacer algo para recuperarla. Y si llegamos a tener varios millones de votos en blanco, o lo solucionamos inmediatamente o nos quedamos sin democracia (si es que no nos hemos quedado ya sin ella).

Es vital que el voto en blanco funcione, que sea una herramienta que se use a la perfección. Y también es vital que se conozca qué nivel de voto en blanco es señal de mala salud democrática y establecer un plan de acción (por ejemplo, meterse en una bañera llena de agua helada) para cuando se alcance un nivel realmente peligroso de votos en blanco.
Sin embargo, ninguna de estas necesidades vitales es satisfecha en nuestro sistema político.

Para empezar, el voto en blanco es una opción semidesconocida por la mayoría de los españoles. Pocos saben cuándo hay que votar en blanco, hasta el punto que incluso muchos ciudadanos desconocen cómo hacerlo. Los españoles no sabemos utilizar la herramienta del voto en blanco.
Imagínense un médico que no supiera usar el termómetro. Mal asunto.

En segundo lugar, no se ha establecido nivel alguno de voto en blanco que indique que estamos en una situación de mala salud o incluso de peligro de perder la democracia. Actualmente hay más de 400.000 votos en blanco en España, y nadie se ha preocupado lo más mínimo por ello.
Si un médico me midiera la temperatura con un termómetro y me dijera “38º, está usted como una rosa”, me preocuparía. Y me preocuparía todavía más si supiera que el médico no sabe usar el termómetro. A saber qué temperatura tendría realmente.

Y en tercer lugar, obviamente si el nivel de votos en blanco fuera excesivo, ¿qué haríamos los españoles? ¿Qué harían nuestros gobernantes? Pues nada. Porque no hay nada preparado para esa circunstancia. Porque ni siquiera se sabe con cuantos votos en blanco vamos a llegar a ese nivel de peligro.
Es decir, que si tengo 40º de fiebre, como el médico me dice que tengo 38º y además que estoy perfectamente, es seguro que la palmo. Así que igual lo mejor es cambiar de médico.

Pero cambiar de médico en este caso es complicado, porque el médico son los españoles y sus representantes, los políticos. Y no se les puede cambiar de la noche a la mañana, ¿verdad?

Pero algo hay que hacer.
Podemos empezar por, por ejemplo, mejorar el termómetro. Creemos un termómetro que sea tan fácil de usar que todo el mundo sepa hacerlo. Un termómetro que no sólo marque la temperatura exacta sin fallo sino que también indique claramente el grado de peligro en el que está el enfermo. Y que también nos obligara a hacer algo si la temperatura llegase a 40º.
Ese termómetro mejorado sería el voto en blanco computable: un voto en blanco que se tradujera en escaños vacíos.
El nivel de peligro sería fácilmente identificable (en escaños vacíos). Al ser un termómetro más útil muchos más españoles sabrían usarlo, y así, tal vez lo usarían, de ser necesario. Y por último, si hubiera un numero elevado de escaños vacíos se produciría una situación de ingobernabilidad, y habría que hacer algo, no se podría continuar sin cambiar nada. Algo que “aliviara” el mal y recuperara la salud perdida de la democracia.

Un voto en blanco así, computable, que se tradujera en escaños vacíos automáticamente, sería enormemente positivo para un sistema en teoría democrático como el nuestro. Nos ayudaría a mejorar la salud de la democracia.
Pero nuestros políticos han preferido que no lo tengamos.
Prefieren que si la democracia tiene mala salud, no lo sepamos. O lo que es peor, prefieren que si la democracia está muerta, no nos enteremos. ¿Por qué será...?

Bien. Puesto que los políticos no quieren darnos esa herramienta para conocer la salud de la democracia, fabriquémosla nosotros: creemos un no-partido que convierta votos en escaños vacíos. Un partido instrumental que actúe como si fuera un voto en blanco computable.

O mejor aún, utilicémosla, porque el no-partido ya está creado: se llama Ciudadanos en blanco.

viernes, enero 18, 2008

El voto en blanco, el voto nulo y la abstención

Como bien me han recordado en un comentario de otro mensaje, en este blog había un fallo: informar adecuadamente sobre el voto en blanco, y ya de paso, sobre las diferentes posibles opciones que tienen los disconformes en nuestro sistema político. Voy a intentar solucionarlo.

La teoría es esta:

1) La abstención
Es simplemente no votar.
Es una opción totalmente válida y legal, prevista y regulada en nuestro sistema electoral: aquellos españoles que no deseen ejercer su derecho al voto no tienen por qué hacerlo.
A la hora de hacer el recuento correspondiente para escoger los representantes de los ciudadanos en los diferentes órganos de gobierno, simplemente la abstención no se tiene en cuenta.

2) El voto nulo
Es un voto defectuoso, un voto que no cumple con las condiciones mínimas exigidas para ser aceptado como válido. Entre otros, tiene la consideración de voto nulo los votos en los que una papeleta electoral aparece con tachaduras o comentarios.
Los votos nulos se contabilizan, pero aparte de eso tampoco se tienen en cuenta a la hora de asignar los representantes.

3) El voto en blanco
Aunque ni en la Ley Electoral ni en ninguna otra parte se indica, de forma oficial, para qué sirve el voto en blanco, este no puede tener otra función que expresar una denuncia de ausencia de democracia, ya que si se utiliza es porque ninguna de las candidatura te representa.

Según la Ley Electoral, “se considera voto en blanco, pero válido, el sobre que no contenga papeleta y, además, en las elecciones para el Senado, las papeletas que no contengan indicación a favor de ninguno de los candidatos.

Los votos en blanco son votos “válidos”, y se contabilizan como tales a la hora de calcular el total de votos válidos emitidos. Sin embargo tampoco se tienen en cuenta a la hora de asignar los representantes, salvo por lo siguiente:
El número total de votos válidos se utiliza para calcular el número mínimo de votos necesarios para que un partido político obtenga representación en una circunscripción: en unas elecciones generales, el 3% de total. Los partidos que no obtienen al menos ese porcentaje mínimo de votos se eliminan. Los restantes partidos se asignan los representantes ignorando ya los votos en blanco y los votos a esos partidos minoritarios eliminados.
Y todo este galimatías significa que, en la práctica, acaba siendo lo mismo que el voto nulo o la abstención: no afecta al reparto de escaños.

Hasta aquí la teoría. Y ahora, ¿qué supone realmente cada forma de actuar? ¿Qué debemos hacer los disconformes? ¿Abstenernos, votar en blanco o emitir un voto nulo?

1) La abstención es para los que no quieren votar (de Perogrullo, je, je). Los motivos para no votar son muchos: la desidia, el pasotismo, la irresponsabilidad, el ¡qué bien se está en la playita, mejor no voy a votar!, el considerar que el resultado de las elecciones no es significativo, el rechazo a la democracia como forma de gobierno, el rechazo a nuestro actual sistema político (sea este lo que sea), y... el que cada uno quiera.
Una parte de los abstencionistas ejercen lo que llaman la “abstención activa”, es decir, utilizan deliberadamente la abstención como forma de protesta contra el actual sistema político.
El problema de la abstención activa es que es muy difícil distinguir a los que la ejercen de los demás abstencionistas. Un 50% de abstención no significa un 50% de ciudadanos que protestan. Gracias a ello, al Régimen le resulta muy sencillo excusar la abstención de muy diversas maneras: “llovió”, “hizo sol” , “la gente se fue al campo y a la playa”, “los ciudadanos sabían que iba a salir SI al Estatut y por eso no acudieron a votar”, “la confianza en nuestra democracia hace que los ciudadanos se relajen y no consideren necesario votar”, etc.
En definitiva, la abstención no es una forma eficaz de reflejar la disconformidad de los ciudadanos, porque no se puede cuantificar el número real de abstencionistas disconformes.

2) El voto nulo, a día de hoy, se utiliza básicamente como voto protesta. Sería una buena forma de expresar la denuncia de ausencia de democracia si fuera suficientemente masivo, pero no acaba de cuajar. El problema que tiene es que, al final, como la abstención, un voto nulo no expresa nada en sí mismo: es mudo, no tiene voz, y ello permite al Régimen menospreciarlo públicamente -"voto gamberro"- y restarle eficacia como instrumento de denuncia.

3) El voto en blanco es la forma teórica de denunciar la ausencia de democracia, pero al final, el hecho de ser también mudo, como el voto nulo o la abstención, permite al Régimen manipular a la opinión pública asignándole propósitos diferentes, como que es el voto de quien está a favor del Sistema pero no tiene a quién votar. Aunque eso es algo totalmente absurdo, el lavacerebros funciona, y ello igualmente le resta efectividad como instrumento de denuncia.

En definitiva, en la práctica, ninguna de las tres opciones tiene fuerza. Los políticos se van a repartir indecentemente los escaños sin importarles cuánta abstención, votos nulos o votos en blanco hayan existido, ya que han hecho una Ley Electoral a su medida que les permite ignorar a los ciudadanos disconformes, a su abstención y a sus votos de protesta.
De hecho han hecho unas Leyes a su medida que les permiten ignorar a todos los ciudadanos, pero eso es otra historia que no viene al caso en este momento.



Necesitaríamos algo como el voto de la imagen. Algo que expresara inequívocamente una denuncia de ausencia de democracia, y que el Régimen no pudiera tergiversarlo en sus medios de propaganda.

Y en realidad, esa opción es posible. Aquí hay una propuesta para utilizarla.