viernes, marzo 10, 2017

Mujeres maltratadas, ciudadan@s maltratad@s

Siempre que le doy vueltas a esa lacra execrable que es el maltrato a la mujer, acabo topándome con la misma dificultad, una que hace extremadamente difícil de solucionar una situación de maltrato: la dependencia de la víctima.

Ya sea dependencia psicológica, visceral o económica, en todos los casos se levanta una barrera que impide tomar el camino que lleva a la resolución del problema. Cuando la solución pasa necesariamente por la independencia, la víctima no puede afrontarla, precisamente porque su educación y circunstancias la han deformado hasta convertirla en alguien incapaz de actuar por sí misma: la han convertido en alguien completamente dependiente.
Y, una vez llegados a ese extremo, encontrar una solución es casi imposible, porque el mal se afronta tarde, muy tarde, cuando el daño es casi irreparable.
Casi, pero no imposible; al menos, no en todos los casos.

Cambiando de tema -o tal vez no-, reflexionando sobre esto, el pasado miércoles me vino a la mente otra cuestión, aparentemente diferente -aunque en realidad, no lo era-. En esta vida que nos ha tocado vivir, existen múltiples situaciones aparentemente no relacionadas, en contextos muy variados, pero que en realidad, son idénticas, o muy similares, y equiparables.

En este caso, me vino a la mente lo que siempre me viene a la mente: la política. 

Hoy, en España, vivimos una situación de maltrato generalizado. De maltrato de l@s ciudadan@s.

Somos constantemente maltratados por la clase dirigente. Nos obligan a vivir, a nosotros y a nuestros seres queridos -en algunos casos, cada día-, situaciones de falta de recursos, de precariedad, de miseria, de riesgo para la salud y para la vida, de sufrimiento, de desigualdad, de injusticia, de falta de libertad, de trabajo forzado...

Que no es igual el maltrato para todos, claro. Para algunos es muy leve. Para otros, letal.
Al igual que en los casos de maltrato a la mujer.

E igualmente también, much@s ciudadan@s son incapaces de reaccionar, o peor aún, apoyan a sus maltratadores, cada cuatro años, con sus votos.

Y detrás de esa falta de reacción se encuentra, como una de las causas -tal vez la principal-, la situación de dependencia extrema de las personas de sus maltratadores. Al igual que ocurre con tantas mujeres maltratadas.

Ya sea dependencia psicológica, visceral o económica, en todos los casos se levanta una barrera que impide tomar el camino que lleva a la resolución del problema.

En una relación por naturaleza insana, no es posible encontrar soluciones. La propia naturaleza insana de la relación lo impide. Se pueden poner parches, atenuar el daño, pero no solucionar las cosas.
Para solucionarlas, hay que actuar sobre la raíz del problema: hay que terminar con esa relación.
Y, desde la libertad de no estar sujeto a las reglas y voluntad del maltratador, entonces, desde ahí sí, desde ahí se podría buscar una vida mejor.

Por ello, el camino de la solución se inicia, necesariamente, por la independencia. Esto es, por la ruptura.

Es un camino difícil, claro, y no exento de riesgo. Pero, para la mayoría, será mucho peor seguir al lado del maltratador. Incluso, tarde o temprano, letal.

Pero claro, está lo de la dependencia. ¿Cómo personas extremadamente dependientes van a optar por la independencia? ¿Una independencia que la gran mayoría ni puede -ni quiere- afrontar?

Salir de este pozo oscuro y profundo es muy, muy difícil. Es utópico. Casi imposible de alcanzar con un pueblo mayormente dependiente.
Casi, pero no imposible. O eso quiero creer.

La ruptura es la única solución. Es lo que hay.

O nos sometemos a los maltratadores, o nos rebelamos. O aceptamos las cadenas, o las rompemos.
En este caso, no cabe término medio.
Lo segundo es difícil y arriesgado. Lo primero, ya sabemos cómo acaba.

Y algunos, no demasiados, pero tal vez suficientes para empezar algo, sí somos lo suficientemente capaces -y conscientes- como para elegir un camino u otro.

Es nuestra elección. Y lo que elegimos, tiene consecuencias.
Por un lado, o por el otro.



P.D.1 En política, el camino de la ruptura, esto es, la solución, se llama democracia.

P.D.2 En democracia no cabe el maltrato a l@s ciudadan@s. Ni a las mujeres. Eso es lo que nos estamos perdiendo al no reaccionar, al seguir al lado de los maltratadores.